jueves 24 de diciembre de 2009

Navidad artificial

No podré acompañarlos a las doce tintineadas
del tiempo encerrado en una esfera de cristal;
estoy tan distante cuando escucho su melodía
¡campana de diciembre embriaga mi libertad!

¡De cuántos recuerdos se engalana esta noche!
sentado en la mesa infinita ensayo mis alegrías
mientras la cena eterna se enfría con las horas;
vino la soledad de diciembre, ya perdí el apetito.



Apago las luces y bailo al compás de la ciudad
imagino la fiesta que entona las doce estrellas,
gozo de la penumbra y un árbol de diciembre
se enciende de ilusiones y alumbra mi pesadilla…

No podré abrazarlos a las doce campaneadas
del tiempo confinado en una caja de navidad;
me siento nostágico cuando nace el veinticinco,
espíritu de diciembre amanece pronto sobre mí.


sábado 19 de diciembre de 2009

Efímero

Y así como mi juventud te marchitas
como una rosa en medio del desierto,
entre la pasión y el hastío del tiempo;
así te desvaneces cual aroma infantil,
siempre fugaces tu presencia y el reloj.

Y así las palabras mueren en el papel,
muere el recuerdo debajo de un verso,
muero con el olvido tachado dos veces
entre el deleite y la náusea de la razón,
siempre irónicos tu ausencia y el dolor.



Y así como tu mirada me ensombrezco
cual luna cansada de ser luz en la nada
entre la quietud y el desvelo del silencio;
así me anochezco como un cielo infantil,
 y siempre efímeros tus caricias y el reloj.


jueves 3 de diciembre de 2009

Reflejo

Parecías tan contento antes de que me conocieras,
acariciabas tu semblante con la pureza de los años,
atravesabas el silencio y la algarabía tan fácilmente
que parecías un niño más jugando con su curiosidad.

Tantas veces me envolví de ti y no sabías que era yo,
en mis otras formas detestabas que yo te observara,
me abandonabas en medio de la soledad de tu alma,
en un rincón cristalino donde así me pudieras vigilar.

No sabías que yo era más que una orgánica fantasía,
una hormona olvidada en tu carrera de hominización,
un espasmo sublunar que se alivia detrás de la noche.
No sabías cómo desollar aquel sentimiento de tu reflejo.



Me parezco tanto a ti cuando estamos frente a frente,
quiero abrazarte y una pared transparente nos aparta,
aparezco detrás nuestro y por fin conozco mi antípoda
¡Soy mi propio homicida envuelto en un papel de cristal!

Adonde la sombra te conduzca ahí yo esperaré tus ojos
en un manantial infestado de monótonos pensamientos
y estarás otra vez ahogado debajo de mi humano espejo
simulando el vaivén de un niño abstracto sobre esa luna.


sábado 21 de noviembre de 2009

Odio

Maldito sentimiento que florece en tus labios,
hacen de mis ojos un manantial de quimeras
que vuelan alrededor de tu jardín prohibido;
quisiera marchitar ese afán de mis fantasías…
¡no siembres tus besos en otras tierras inicuas!

Perverso pensamiento de arrancar tu sonrisa
y enterrarla debajo de mi sombra inhumana;
soy la hiedra que estruja nuestros madrigales,
los envenena con los pétalos de mi amargura;
los dos somos la maleza de mi infausto vergel.



Maldita la ninfa que se enamoró de tus labios
e hizo vuestro hogar en las rosas que cultivaba
¡maldito yo que nunca conseguí florecer en ti!
siniestra despedida de mi corazón que anhela
el advenimiento de la sequía en vuestro jardín.


martes 10 de noviembre de 2009

Llueve

Hiciste llover en mis manos la despedida,
gotas grises de un amor que se marchita;
se desliza lentamente por nuestras horas
la lluvia de caricias que nunca más serán.

Abracemos esta tormenta última que cae
y nos hace llover tanto como ella misma;
si escapamos de estas gotas fugaces, quizá
encontremos un cielo despejado más allá.



Si jugamos con la lluvia de nuestro adiós
como dos niños brincando por las nubes…
dime antes de que se ahoguen mis labios
que todavía podemos ser todo menos ayer.

Hiciste llover en mis ojos un mar de rosas,
gotas humanas de un adiós que se desliza
hacia las grietas de mi hora abandonada;
llueven las miradas que nunca más serán…


lunes 2 de noviembre de 2009

Si

Si tal vez nuestras manos borraran las huellas
de nuestros vestidos maculados por el tiempo,
y si las noches no disimularan nuestras caricias
tal vez el silencio no dijera dos veces “te quiero”.

Si tal vez nuestras manos arrullaran la lluvia
de nuestros cielos empapados por el invierno,
y si nuestros ojos fueran dos gotas de verano
tal vez la noche no ocultara nuestro corazón.
 


Si tal vez nuestro reloj se retrasara dos palabras
y los números jugaran con los horarios del olvido
tal vez muera el día sin el poema que lo concibió
o quizá la noche siempre nos escribió “te quiero”.